Complejizando lo simple


En la distancia amarga y dulce, donde suspiros se pierden en el viento,
Un trágico romance teje sus hilos, entre lágrimas y desaliento.
Amplia es la brecha entre dos almas que ansían tocarse,
Como estrellas en el cielo, en su órbita, sin poder abrazarse.

En un escenario de dimensiones amplias y pequeñas,
Donde el poder y la humildad danzan como extrañas dueñas.
La grandeza se eclipsa por la sombra de la pequeñez,
Y en la vastedad, la insignificancia es su única realeza.

En esta danza delicada y salvaje, donde el amor se desliza,
Corazones cautivos en un juego, entre caricias y la amenaza de la risa.
La ternura es una fiera en cautiverio, la pasión, una llama indomable,
Bajo un cielo de emociones, la danza persiste, tierna y salvaje.

En la rueda demorosa y fugaz del tiempo que avanza,
La vida se despliega en una coreografía de esperanza.
Cada paso, una eternidad; cada instante, una ráfaga fugaz,
En la danza de la existencia, lo demoroso y fugaz se abraza.

Un loco con una cámara


Hubo un loco, armado de una cámara,
Convertía cada visión en dramática farsa.
Su lente, su farol, marcaba dirección,
A todos aquellos que observaba, les orquestaba su comedia con devoción.

Así deambulaba el loco, de un confín a otro,
En la playa un día, y al siguiente perdido en el metro hacia ninguna parte.
Su existencia, una obra sin guión ni escena,
Él mismo, director, protagonista y mecenas.

Así transcurrieron los años, sin pausa en la carrera,
Persistía el loco, de un lugar a otro, ligero.
Cada vez más demente, con la cámara en alto,
Su mirada siempre ensimismada, filmando su propio espectáculo.

Y así fue hasta que el día arribó, y el loco se detuvo,
Desde aquel instante, sus pasos cesaron de andar.
Inmóvil ahora yace, la cámara firme en su sujeción,
Registrado queda su relato, su demencia, su poesía en grabación.

Inquebrantable

En las sombras de la noche, un humor oscuro aflora,

Donde risas yacen en la penumbra, es su hora.

Un astuto bufón, de lenguaje afilado y fino,

Despliega sus chanzas, tejiendo un siniestro destino.


Inquebrantable proclama, con risueño desdén,

Y encuentra en la desgracia su particular edén.

Sus bromas son dagas, su ingenio un veneno sutil,

Un danzarín en el filo, desafiando lo fútil.


En el teatro de lo absurdo, su monólogo resuena,

Las tragedias del día, en risas se convierten, condena.

Inquebrantable ante la desgracia, se erige el bufón,

Un cómico en la tragedia, desafiante en su canción.


"Creí ser la roca, el roble inconmovible,

y es solo el escenario de un dolor indecible.

Envío a mis chanzas, a mi ingenio veloz,

para que nadie nunca escuche mi verdadera voz."


"Y beben de mi risa, del veneno que emana,

creyendo ver un rey, en esta celda humana.

¡Inquebrantable el muro! Qué bien lo construí,

que ahora ni yo mismo puedo salir de aquí."


Se desplomó el bufón, sin máscara ni anhelo,

un cuerpo frágil, temblando en sus desvelos.

Y en la quieta penumbra, su herida revelada,

Con una lágrima honesta, y la risa desatada.


Cayó el actor al suelo, exhausto de su arte,

dejando su personaje hecho trizas, aparte.

Y en ese exacto instante en que el dolor vencía,

nació una risa nueva que antes no existía.


Terminó la soberbia, se acabó la ficción,

y un llanto ahogado fue su real rendición.

Y en esa risa rota, brutal y verdadera,

halló la primera palabra de una vida sincera.

Aire de medianoche

En la efímera danza de la vida, lo conceptual se erige como el etéreo aliento,

donde las ideas y conceptos se entrelazan como la verdad que nos orienta.

Inalcanzables al tacto, inaudibles al oído, no obstante, existen, propulsándonos con su invisible impulso.

En el vasto escenario del mundo, lo conceptual se erige como el aire que amalgama el pensamiento de un extremo al otro.

Imposible de contemplar o siquiera palpar, aún así, posibilita la conexión con nuestros semejantes,

tejido invisible que nos une.

En el porvenir, lo conceptual se erige como el aire que traza sendas hacia horizontes ignotos.

Incapaz de erigirlo o concebirlo, persiste como guía en la travesía hacia el mañana,

senderos que se despliegan ante nuestra mirada limitada.

En la vastedad del universo, lo conceptual se erige como el aire lingüístico,

una esencia que nos auxilia en la comprensión total.

Indescifrable en su cuantía, desconocido en su totalidad, no obstante, arroja luz sobre la vastedad del todo.


Las ruedas de la bicicleta giran sobre la tierra como actores en un drama efímero;

la botella, receptáculo de la esencia vital,

el encendedor, custodio del fuego constante, se alzan como símbolos en la escena cotidiana.

Y en la penumbra que acecha a la medianoche, el aire, mensajero silencioso,

aguarda para revelar su presencia en el instante próximo.

Los Cuatro Vientos

Los cuatro vientos que soplan y vuelan,
Trazan círculos en el aire solano,
Y en su recorrido a todos relatan,
Las noticias que traen del lejano.

Los primeros del Norte son gélidos,
Y la nieve funde sus fríos líquidos,
Sus alas de hielo todo lo congelan,
En el cielo blanco dejan una estela.

Los segundos del Sur son alegres,
Y sus alas como el fuego brillan,
Con su calor todos los cobijan,
Y a todos siempre los abrazan.

Los terceros del Este son benévolos,
Y suaves brisas traen consuelo,
La luz traen para nuevos cielos,
Y nos acercan a un nuevo sol.

Los últimos del Oeste son prudentes,
Y suavemente nos acarician,
Vientos suaves como una canción,
Nos llevan a un nuevo destino.

Los cuatro vientos que soplan y vuelan,
Trazan círculos en el aire solano,
Y en su recorrido a todos relatan,
Las noticias de las que no se pudo esconder.

Por el mal que una vez hizo,
y el recuerdo de sus promesas
que Los Cuatro Vientos te lleven
a descansar en paz y sin pena. 

Me pica la conciencia y duele la inconciencia

En los pliegues de mi alma, el conflicto late,
la conciencia me punza, la inconciencia embate.
Verdad y mentira danzan en el aire,
en esta vida que a veces parece un calvario de desaires.

El bien se me escapa, el mal me envuelve,
en un torbellino de dudas que el alma resuelve.
La luz, un faro distante, brinda esperanza,
mientras la oscuridad, en su sombra avanza.

Con la conciencia a mi lado, me siento libre y seguro,
mas en la inconciencia, el miedo es oscuro.
La lucha eterna entre lo bueno y lo malo, fatal,
y aunque la intriga persiste en el teatro de la vida, no todo está tan mal.





Feromonas

¡Bonita!


Mi alma tórrida te busca

entre los páramos para saciarse.


En silencio te imagino cómo eres:

del verano, el follaje y las azaleas

picoteando uvas dulces y pistilos.


Salpicando tu irresistible figura por el mundo, zurces alas en las nubes.

Emigra mi alma a cualquier rincón para buscarte.


El trino de la lejanía, suave y delicado

se esparce, sacude y hace eco.


Bonita,

te imagino cómo eres.


Mi alma se complace y vuela impaciente

en tu dulce melodía encantadora

en la armonía de tu femeneidad.


Arte y vuelo se conjugan

y te escapas entre plumas, alas y enramadas,

dejando una estela de perfume en el aire.


Te imagino atrapada en la espesura.


Trasluces los colores y los mezclas,

te fundes en la Luz.


Bonita, 

te imagino cómo eres.

El dedo en el pecho

Un dedo recorre un cuello y presiona con suavidad su camino hacia abajo.

Se encuentra con algunas dificultades que son despejadas con una mano. El ritmo y frecuencia en que el dedo se desplaza parece constante, aunque de vez en cuando oscila con las posibilidades del camino, entre la clavícula y las costillas bajo la carne.

La piel se eriza a su paso y el pecho se infla tendiendo a hacer una fuerza contraria a la del dedo. Las barreras se caen y las naciones actúan con benevolencia. El dedo parece seguir bajando sin un rumbo determinado, pero pasa muy cerca de hitos importantes, como la caída del muro de Berlín o el derrocamiento de los dictadores en la historia reciente. 

En la mitad del camino, el dedo parece querer apurarse e irrumpe con firmeza ciertas zonas más carnosas, provocando un escándalo social y la desaprobación de la iglesia.

En un esfuerzo final, y con precisión aritmética, cuando finalmente parece llegar a su destino, las naciones ya no existen y se ha alcanzado la paz mundial. Las drogas son legales y es obligatorio respirar lento y entrecortado porque el aire es venenoso y está lleno de perfumes.

El dedo llega en cámara lenta al punto exacto del centro del universo, bajo una cobija tierna, en el final de los tiempos. Su toque desintegra y destruye toda la materia para sorpresa de los físicos especialistas.

Hay júbilo y clamor en las dimensiones etéreas que ven cómo el universo se reconstruye una vez más sobre sí mismo.

Le hablo al viento de ti

¿Sabes? Le hablo al viento de ti.

Cuando estoy solo, soy otro. Y es que cuando estoy solo, realmente no estoy solo.


En todos hay,

al menos,

dos.


Es hora de aceptar y abrazar lo que no se entiende,

así como le hablo al viento aunque no me escuche.

Sofía

while(true) {

¿Qué sabes que yo no sepa?

Dime qué te hizo ser así.

Aquí estoy, aún esperando una señal, cuestionándolo todo y aprendiendo en todo momento. 

¿Hacia dónde vas?

Es el amor y el milagro de ninguna parte. Paradoja de la canción que he cantado miles de veces y que aún no termino. 

Caminando hacia la puesta de sol me doy cuenta que probablemete hay algo que sabes y que yo no sé.

}

Todo bien

Hoy no tengo paciencia
para la demencia 
del que pide clemencia
por conveniencia. 

Sobran las ganas, 
aguanto las balas
me quitas panoramas
reviento la porcelana. 

Heridas adheridas
a las miradas perdidas
escondidas 
buscando vida. 

En el corazón, 
pero solo desazón
al hurgar el caparazón
usando la razón.

No me detengo;
intervengo. 
Obtengo lo que tengo
y solo me contengo si retengo.

Sueño y llanto 
por fuera un espanto
y por dentro no aguanto
tanto quebranto
que le canto al santo
y le levanto el manto 
me adelanto 
abrillanto porque me agiganto
sabiendo que soy un suplanto sin encanto. 

Designio del arcano

Negación y deseo
del Loco a la Muerte
una estatua que se derrite con los labios entumecidos,
y dos caras entrelazadas y sus piernas enredadas.

Un portal retorcido vislumbra el futuro.
Aunque siempre puedes mirar para el otro lado,
y polarizar el escepticismo cuando avanzo desapercibido,
por las puertas que no me atenúan,
aunque me alcance el fuego que nunca se apaga.

Relaciones profundas y significativas

A los amigos y amantes; relaciones profundas y significativas.

Mi interés por ti empieza con el misterio.
La idea de saber que hay mucho más debajo de lo aparente. Todo esto se suaviza con una estética agradable justificada con mis creencias, y se complementa con la fogocidad de la pasión o una acaloradada discusión.

Puede que no coincidamos en muchas cosas y aquello, si la comunicación lo permite, desemboca en el querer entender la otra postura haciendo uso de la empatía.

Los gustos en común favorecen situaciones de goce y complicidad. La idea de compartir un nicho siempre ha sido atractiva y el nutrir estos momentos acrecenta una base sólida de recuerdos que en el futuro inevitablemente reventará en la nostalgia.  Así, la risa es el pegamento perfecto entre estas situaciones.

Familia y amigos compartidos incrementan exponencialmente las veces que pienso en ti. 

Algún sacrificio, siempre acompañado de la falsa modestia que me llevará a decirte que no es necesario, capturará mi atención principalmente por el hecho de que transpira la idea de salir de la zona de confort: una declaración no verbal de auténtico interés.

Mi interés en ti termina con la deshonestidad.
Deshonestidad de mostrarte como alguien quien no eres. Decir A pero en realidad sentir B. Fijarse en la estética de ser de una forma moral, filosófica, cultural más que en el trabajo de realmente serlo.

Orgullo Americano Radioactivo

Una sala de sueños alados soñados en bosques arbolados

rocas afiladas bajo tramos de rampas y espinas de frambuesa

atravieso la oscuridad

hasta hundirme en el vacío

suelto los huevos revueltos sin sentarme

soy un artillero en un bombardero

lánguidamente giro sobre los cúmulos y muerte hago llover con precisión patriótica.

Conversación casual

Las conversaciones casuales me hacen recordar que somos mortales

que la muerte ya viene

que hay muertes crueles y lutos agónicos;

Por eso, una conversación profunda me distrae de aquello.


Amar es estar dispuesto a la destrucción del amor.

Vivir en plena fuga

Deseamos que sobrevivan y los tenemos en la más alta de nuestra estima.
Pero sin promesas ni garantías, porque poco hay que ofrecerles.
La escena la embellecemos con objetos prestados y retomables por sus dueños.
Embriagarse es fácil si el goce se condiciona a la evitación de la realidad.
El momento mismo, efímero nuestro paso en el universo.
Somos un grano sin identificar intrascendente en el cósmos que se extinguirá imprecisamente en el vaho del cantar de un ave.
Una molécula que construye un sistema, que construye un sistema, que construye un sistema. Un ladrillo en la pared.
Somos la efervescencia de la reacción del bicarbonato y el limón. 
Un proyecto de ciencias de un niño, echado a la basura luego de su único uso.
Un propósito diferente al que nosotros le damos. Azar le podríamos llamar.
¿Vale la pena siquiera buscar una respuesta?

Abandona cualquier esperanza.
¿Sientes esa sensación de desasosiego y vacío?

Ahora construye. Lienzo en blanco, tenemos tabula rasa.
Acabamos de nacer. Ahora tienes tiempo y estás conciente de las reglas del juego.

Cuidado. El tiempo es finito.
Cuidado. No ames las cosas como si fueran a desaparecer algún día.
Ámalas porque ya están desapareciendo.

Tibio

Una vuelta
al pomo de la puerta
en la madrugada del 30 de mayo
reconectó los andamios que pensaba quebrados.

Sí, me cautivas con tus palabras ambigüas
y no hay dolor en imaginar, 
pero no olvides
que la ambigüedad parece atractiva sólo en la oscuridad.

La luz entrega revelaciones
que en el juego efímero de las palabras arremolinadas
y del correr de la conciencia
descubren la máscara de ser humano.

Solamente espero que, 
recubriendo tu carne y huesos
tú, que te empeñas en la profundidad
a costa de oscuridad que empaña las palabras, 
exista claridad en las intenciones
porque un verdadero desperdicio sería
que en este mundo de banalidades y aparencias interesantes
no logres ser ni frío ni caliente. 

Mi energía

En una nota diferente abultada la culebra que mira paciente los colores que no están vivos por mi espalda, las cosquillas me hacen cautivo del sentir sin pensar, del volar sin cuestionar de saber de la materia más allá de lo tangible entender con el tacto y amar acallar las voces y volver a ser incomprensible que lo que no se comprende, se siente y lo que se siente no se cuestiona me hago niño ante ti, que todo lo perdonas y soy un niño de nuevo, que sigue aprendiendo a caídas Paso mirar los colores en tu perfil entender lo que no entiendo y aunque a veces sea dificil, hay un lazo potente que amarra las vidas de nosotros que sabemos de la infinidad de la energía porque la tierra es energía y nosotros somos energía y energía seremos como en un inicio el cobijo de la madre que concibió mi energía que es la misma que un día me dio vida y te dio vida.

El frío de la trinchera

-El frío se colaba en mi cerebro.
Las nubes tapaban mi visión del cielo y me remojaban en su desconsolado llanto. Charcos no sólo de agua se apoderaban del suelo en disputa.
La trinchera me ocultaba bien, mas no conciliaba tranquilizarme: estaba solo.
Un ardor en mi costado me quemaba como el fuego, un fuego rojo y espeso, con el que mi mano izquierda se bañaba, mientras que con la derecha cargaba inútilmente el fusil sin balas.
De pronto me di cuenta que no sólo no había nadie en las cercanías (o por lo menos eso creía yo), sino que perpetuaba  una constante ausencia. Ni siquiera la lluvia rompía aquella continuidad. Sabía que faltaba algo, pero no sabía qué. Y de pronto, tras un espasmo bajo mi mano izquierda, mis oídos se destaparon para darse cuenta de un macabro hecho: no se oía nada.
El fantasma del silencio me maltrataba, me hería y callaba… callaba… callaba, me quería volver loco, pero yo no lo permitiría.
Recuerdo que distraía mi mirada de todos esos angustiantes momentos, aun sintiendo el dolor de la bala incrustada entre mis costillas, viendo mi demacrado rostro, reflejado en las gotas que aparecían sobre el fusil. Me reía al verlo, yo anhelaba ser algo más… Tenía claros mis talentos, pero mi edad y mi clase en la sociedad los opacaban de forma implacable.
Toda mi familia muerta por la guerra y yo pudriéndome de cobarde, escondido tras la trinchera. Tal vez una muerte lenta como aquella pudo haber lavado mi falta de honor, o… tal vez se trataba de un justo descanso. Frío y justo descanso.
Un ensordecedor ruido estremeció el cielo y me pareció percibir el principio de una demencia en el grito que articulé, más bien como un chillido desesperado.
Un trueno se había apiadado de mí y enfrentado al silencio que me atormentaba, pero yo no estaba preparado para recibir su ayuda: lo confundí con un disparo y caí inconsciente…
-Es cierto –le dije al fin- puede decirlo, soy un cobarde.
¿Qué dices muchacho?- me preguntó frunciendo su arrugado ceño- No podías hacer otra cosa mas que esconderte porque no tenías munición y tus compañeros fueron acribillados mientras corrían a la trinchera, aquel agujero infernal,  igual que tú. Tú mismo me lo dijiste. Te salvaste con astucia, no con cobardía. Además, con la sangre que perdiste te podías desmayar en cualquier momento-
No sé cómo, pero el hombre frunció aún más el ceño – Escucha. A veces uno tiene que hacer cosas que parecen erradas, pero son necesarias…-
Púsose de pie, con intenciones de salir del cuarto, pero una pregunta escurriéndose en su boca lo obligó a detenerse y decir: “¿Seguro que fue todo lo que pasó? ¿Que no quedó nadie del escuadrón? ¿Que los abandonaron a su suerte?”
-Seguro- le respondí –Los cuerpos sin vida de mis compañeros esparcidos entre mi agonía y mi demencia, y un radio del que nunca respondieron, fueron la nula compañía que tuve entre que me desmayaba y usted, como dijo, me sacaba de aquel agujero infernal-
El viejo comandante de alguna Compañía del Ejercito Inglés, me miró unos instantes:
-Cuídate ese vendaje y no te muevas de aquí. Es un lugar cómodo. Le hablaré a mi superior de ti…- La puerta se cerró tras él.
El haber visto a un compatriota me tranquilizó. Debió ser la confianza que me inspiró su uniforme.
Esperé un rato y, mientras, observé el resto del cuarto. Todo era muy blanco y pulcro. Además de la cama en la que me encontraba acostado, sólo había un pequeño mueblecito café, que contrastaba con las baldosas blancas. No era cómodo. Era frío, más no helado.
Después de un tiempo resistiendo el dolor bajo el vendaje, la ausencia de algo se acercó por las baldosas, trepó la cama y subió por mí hasta dar con mi hombro. Desde ahí me transmitió su escalofriante tranquilidad y perpetuidad silenciosa.
Di un respingo y salté de la cama, cansado de esperar el regreso del viejo inglés.
Puse mi pie descalzo sobre la baldosa fría, que me heló hasta el hueso, ignorando las punzadas en el vendaje, y me encaminé a la puerta. Estaba cerrada con llave, pero su sello antiguo cedió de inmediato cuando la forcé con ambas manos.
Con tímidos pasos crucé el umbral de la habitación. No sabía por qué, pero sentía que a cada paso el ritmo de mi pecho iba cada vez más rápido. Anduve lento por un solitario pasillo hasta llegar a la primera esquina; oí la voz del Comandante. Para escuchar mejor, me acerqué paulatinamente, escondiéndome detrás de un mural noticioso de madera.
-…Y creo que nos oculta información. Ud. ¿Qué cree?   
-Pienso que ya no es útil… deshazte de él. Sabes cómo.
Las palabras me llegaron tan claras, que pude entender perfectamente lo que se decían en aquel diálogo en idioma extranjero a mi país. Me quedé helado, pero no quería seguir escuchando, sabía que se trataba de mí y el porqué era obvio.
Me di vuelta para correr y vi en el Diario Mural, en perfecto alemán: “Viva el Tercer Reich Fürer!”.
“Cómo le puede hacer eso a su país… Viejo… Maldito traidor…”, pensé mientras corría hacia cualquier parte, y correr hacia cualquier parte no fue la elección más acertada que pude hacer.
La primera zancada aleatoria que di, hizo que la pierna que quedaba atrás, arremetiera contra la pata de madera del Mural. Nunca creí que el azote de una cabeza al piso llegara a sonar tan fuerte, era más esperable el estruendo que se armó al derrumbarse el mural sobre mí.
-Was war das? – Se escuchó decir al que parecía ser el superior al traidor. Yo, mientras, me retorcía del dolor bajo el mural de madera, sin poder moverme aún.
-Es gibt jemand! – Gritó el Comandante inglés al fijarse en mí bajo la dura madera, sin poder moverme aún. De pronto escuché un susurro: “schießen”. El Mauser Kar 98 que el traidor se había conseguido mientras yo esperaba en el cuarto, expelió la bala que, a travesando la dura madera, impactó con el suelo justo al lado de mi oído y reventó en mis tímpanos, donde se tradujo como un pito agudo e insoportable.
Me paralicé intentando no desmayarme por aquel pito infernal. Escuché la voz del traidor, nuevamente en alemán, inseguro de su puntería: “Ich habe ihn erschossen?”.
-Wartezeit – Gruñó el alemán.
Sentí que alguien se acercaba. Mi corazón latía más rápido que nunca. Con fuerzas de flaquezas me animé a lanzarle el mural por la cabeza.
-Sorgen! – le advirtió quien, alguna vez fue mi superior, al alemán, pero el nazi ya yacía en el suelo, aturdido y con la cabeza ensangrentada.
Corrí sin mirar atrás. Me pareció que todo iba más lento. Ya nada me dolía y sólo pensaba en llegar al final del pasillo y darle la vuelta para perderlos de vista.
Entonces escuché un disparo. Dos, cinco y se multiplicaron hasta ser incontables.
Me esforcé por correr más rápido y evadir las mortíferas balas, pero mi mente pensaba más rápido de lo que mi cuerpo respondía.
-Flieht er! Flieht er! – Gritaba el alemán mientras yo corría y el viejo inglés traidor me consideraba como su blanco móvil.
La polvadera era increíble, pero más sorprendente era que aún estaba en pie y corriendo por mi vida.
-Anschlag! Bewegen sie nicht!- Amenazaba el inglés.
Por fin di vuelta en el pasillo, saliendo de la linea de fuego.
Me detuve a contemplar cómo el tiempo transcurría ahora sin la intervención de la adrenalina, pero no pude correr nuevamente. La bala en mi costado me punzaba más que nunca. Los dolores regresaron incrementados y acompañados de otros nuevos.
En la caída debí haber aflojado algunos dientes. La boca me sabía a sangre y mi espalda emanaba, incontenible, chorros y chorros de sangre por cada uno de los agujeros formados en ella.
-Sorgen sie sich nicht: er wille tot- Me sentenció el inglés antes de aparecer a la vuelta del pasillo.
Sus pasos resonaban en mi cabeza con un eco feroz.
Con mis ojos entreabiertos pude ver mi último panorama:
Sangre. Yo recostado sobre ella, y ella formando una colcha debajo mio. Me recordó mi cama. Me recordó el descanso.
La cama se estropeó. Una bota la habría pisado y me habría hecho volver a la realidad.
De pronto escuché con más fuerza la voz del inglés. Creo que me habló al oído:
-Lo siento - dijo en su acento original – Si no lo hago, sufrirás más. Si no lo hago, me matarán a mí, también. No quiero morir-.
Desdichada decadencia. Vida miserable, muerte indeseable. Incierto descanso.
Es inminente el venir pesado y lúgubre de aquella figura inhumana. Deforme, oscura y tenebrosa. Me toma fuerte para no soltarme. No ve al viejo inglés. El viejo inglés parece no querer mirarla. Ha tomado mi corazón. Succiona mi alma.
Sentía el hielo penetrante en mi cabeza, como el frío de la trinchera. Era una hoz. Era una sombra. Era un manto oscuro que repetía mi nombre. Era el fin. Era la muerte, que me hería.
El gatillo del Mauser se movió dos centimetros.
Mis ojos se cerraron para nunca más abrirse.
Y hubo silencio. Y hubo frío.
   

Esperemos el correr de la conciencia

Siento que el rayo de sol hoy te pegó en la cara y ya no hay nada que hacer. Toma tu almohada, abre tu ventana y salta hasta chocar con un avión al caer.
Si te topas con la luna en el camino, estarás en riesgo, porque quiere decir que es imposible que te haya caído un rayo de sol en la cara y que, por lo tanto, no te debiste haber tirado.
Si ya caíste al suelo, debes estar en el cielo.
Si sigues en el aire, usa tu almohada para elevar tu espíritu hasta el infinito. Mira atrás y te darás cuenta de lo fino que es el camino y lo estrecho de emociones, lo amplio de dificultades e irregular que de vuelve al momento de tocar la puerta de un amigo perdido, o un hermano, o un antiguo amor.
Verás que la luz es oscura y que tu pájaro del alma ha emprendido vuelo y ha dejado candado a sus cajones de emociones, y ya no habrá nada que hacer. Comerás errores y cometerás comida sin tener hambre. El Humano te mirará y tú verás que no bromea. No es el humano quien no se ríe. No entenderás.
Ahora estás pensando en si lo que hablo tiene coherencia, y yo te puedo decir que la incoherente es tu percepción: ves con los ojos, hueles con la nariz, sientes con tu piel, escuchas con tus oídos, saboreas con tu lengua. ¿Con qué sentido leerás esta vivencia? En tu frente hay un secreto. Verás, olerás, sentirás, escucharás y saborearás con la mente. El cuerpo no es nada. ¿Cuánto demorarás en saltar por la ventana? No olvides la almohada.