El dedo en el pecho

Un dedo recorre un cuello y presiona con suavidad su camino hacia abajo.

Se encuentra con algunas dificultades que son despejadas con una mano. El ritmo y frecuencia en que el dedo se desplaza parece constante, aunque de vez en cuando oscila con las posibilidades del camino, entre la clavícula y las costillas bajo la carne.

La piel se eriza a su paso y el pecho se infla tendiendo a hacer una fuerza contraria a la del dedo. Las barreras se caen y las naciones actúan con benevolencia. El dedo parece seguir bajando sin un rumbo determinado, pero pasa muy cerca de hitos importantes, como la caída del muro de Berlín o el derrocamiento de los dictadores en la historia reciente. 

En la mitad del camino, el dedo parece querer apurarse e irrumpe con firmeza ciertas zonas más carnosas, provocando un escándalo social y la desaprobación de la iglesia.

En un esfuerzo final, y con precisión aritmética, cuando finalmente parece llegar a su destino, las naciones ya no existen y se ha alcanzado la paz mundial. Las drogas son legales y es obligatorio respirar lento y entrecortado porque el aire es venenoso y está lleno de perfumes.

El dedo llega en cámara lenta al punto exacto del centro del universo, bajo una cobija tierna, en el final de los tiempos. Su toque desintegra y destruye toda la materia para sorpresa de los físicos especialistas.

Hay júbilo y clamor en las dimensiones etéreas que ven cómo el universo se reconstruye una vez más sobre sí mismo.