Un loco con una cámara


Hubo un loco, armado de una cámara,
Convertía cada visión en dramática farsa.
Su lente, su farol, marcaba dirección,
A todos aquellos que observaba, les orquestaba su comedia con devoción.

Así deambulaba el loco, de un confín a otro,
En la playa un día, y al siguiente perdido en el metro hacia ninguna parte.
Su existencia, una obra sin guión ni escena,
Él mismo, director, protagonista y mecenas.

Así transcurrieron los años, sin pausa en la carrera,
Persistía el loco, de un lugar a otro, ligero.
Cada vez más demente, con la cámara en alto,
Su mirada siempre ensimismada, filmando su propio espectáculo.

Y así fue hasta que el día arribó, y el loco se detuvo,
Desde aquel instante, sus pasos cesaron de andar.
Inmóvil ahora yace, la cámara firme en su sujeción,
Registrado queda su relato, su demencia, su poesía en grabación.