En las sombras de la noche, un humor oscuro aflora,
Donde risas yacen en la penumbra, es su hora.
Un astuto bufón, de lenguaje afilado y fino,
Despliega sus chanzas, tejiendo un siniestro destino.
Inquebrantable proclama, con risueño desdén,
Y encuentra en la desgracia su particular edén.
Sus bromas son dagas, su ingenio un veneno sutil,
Un danzarín en el filo, desafiando lo fútil.
En el teatro de lo absurdo, su monólogo resuena,
Las tragedias del día, en risas se convierten, condena.
Inquebrantable ante la desgracia, se erige el bufón,
Un cómico en la tragedia, desafiante en su canción.
"Creí ser la roca, el roble inconmovible,
y es solo el escenario de un dolor indecible.
Envío a mis chanzas, a mi ingenio veloz,
para que nadie nunca escuche mi verdadera voz."
"Y beben de mi risa, del veneno que emana,
creyendo ver un rey, en esta celda humana.
¡Inquebrantable el muro! Qué bien lo construí,
que ahora ni yo mismo puedo salir de aquí."
Se desplomó el bufón, sin máscara ni anhelo,
un cuerpo frágil, temblando en sus desvelos.
Y en la quieta penumbra, su herida revelada,
Con una lágrima honesta, y la risa desatada.
Cayó el actor al suelo, exhausto de su arte,
dejando su personaje hecho trizas, aparte.
Y en ese exacto instante en que el dolor vencía,
nació una risa nueva que antes no existía.
Terminó la soberbia, se acabó la ficción,
y un llanto ahogado fue su real rendición.
Y en esa risa rota, brutal y verdadera,
halló la primera palabra de una vida sincera.