En la soledad contemplo tu alma

En la soledad contemplo tu alma, cuán solemne baile me invita.
Aceptarlo, quiero, cumplirlo, no puedo,
y si me atrevo, el deseo, fatal desenfreno.

Abro los ojos, es cierto, no es dilema saberlo: 
Tu presencia anhelo, más, mi conciencia es el precio.
Loco ya estoy y el delirio es lo que obtengo.

Ni razón, ni sentido.
Por pasajes, en mi mente, directo, un mismo camino.
Tirante, de plata mi cordón, mi volar atrapa.
Al final, bajo el último paso, la muerte me aguarda.

Mira el cielo

Mira el cielo, se le están cayendo las estrellas. Ya no guarda su fulgor de antaño. Mira el cielo, se está desplomando exangüe entre plomos y ruidos destructores sin que el viento se percate. Mira el cielo, está triste por que un niñito ha muerto hoy. El niñito está triste porque ahora no tiene donde ir. Mira el cielo, tiene mala pinta. Parece que va a llover. Parece que hay algo detrás de los techos. Mira el cielo. Es un artista ese angelito. Cómo toca su trompeta, guiado por sus seis hermanitos. Mira el cielo, por favor, porque en el agua, su reflejo, digno de retrato, maltrecho está, difuminado, abstracto, y sin duda, no es exacto. Mira el cielo, por favor, y date cuenta que hay más luz en el sol que en esa lámpara. Mira el cielo, por favor, pide el deseo.