Complejizando lo simple


En la distancia amarga y dulce, donde suspiros se pierden en el viento,
Un trágico romance teje sus hilos, entre lágrimas y desaliento.
Amplia es la brecha entre dos almas que ansían tocarse,
Como estrellas en el cielo, en su órbita, sin poder abrazarse.

En un escenario de dimensiones amplias y pequeñas,
Donde el poder y la humildad danzan como extrañas dueñas.
La grandeza se eclipsa por la sombra de la pequeñez,
Y en la vastedad, la insignificancia es su única realeza.

En esta danza delicada y salvaje, donde el amor se desliza,
Corazones cautivos en un juego, entre caricias y la amenaza de la risa.
La ternura es una fiera en cautiverio, la pasión, una llama indomable,
Bajo un cielo de emociones, la danza persiste, tierna y salvaje.

En la rueda demorosa y fugaz del tiempo que avanza,
La vida se despliega en una coreografía de esperanza.
Cada paso, una eternidad; cada instante, una ráfaga fugaz,
En la danza de la existencia, lo demoroso y fugaz se abraza.

Un loco con una cámara


Hubo un loco, armado de una cámara,
Convertía cada visión en dramática farsa.
Su lente, su farol, marcaba dirección,
A todos aquellos que observaba, les orquestaba su comedia con devoción.

Así deambulaba el loco, de un confín a otro,
En la playa un día, y al siguiente perdido en el metro hacia ninguna parte.
Su existencia, una obra sin guión ni escena,
Él mismo, director, protagonista y mecenas.

Así transcurrieron los años, sin pausa en la carrera,
Persistía el loco, de un lugar a otro, ligero.
Cada vez más demente, con la cámara en alto,
Su mirada siempre ensimismada, filmando su propio espectáculo.

Y así fue hasta que el día arribó, y el loco se detuvo,
Desde aquel instante, sus pasos cesaron de andar.
Inmóvil ahora yace, la cámara firme en su sujeción,
Registrado queda su relato, su demencia, su poesía en grabación.

Inquebrantable

En las sombras de la noche, un humor oscuro aflora,

Donde risas yacen en la penumbra, es su hora.

Un astuto bufón, de lenguaje afilado y fino,

Despliega sus chanzas, tejiendo un siniestro destino.


Inquebrantable proclama, con risueño desdén,

Y encuentra en la desgracia su particular edén.

Sus bromas son dagas, su ingenio un veneno sutil,

Un danzarín en el filo, desafiando lo fútil.


En el teatro de lo absurdo, su monólogo resuena,

Las tragedias del día, en risas se convierten, condena.

Inquebrantable ante la desgracia, se erige el bufón,

Un cómico en la tragedia, desafiante en su canción.


"Creí ser la roca, el roble inconmovible,

y es solo el escenario de un dolor indecible.

Envío a mis chanzas, a mi ingenio veloz,

para que nadie nunca escuche mi verdadera voz."


"Y beben de mi risa, del veneno que emana,

creyendo ver un rey, en esta celda humana.

¡Inquebrantable el muro! Qué bien lo construí,

que ahora ni yo mismo puedo salir de aquí."


Se desplomó el bufón, sin máscara ni anhelo,

un cuerpo frágil, temblando en sus desvelos.

Y en la quieta penumbra, su herida revelada,

Con una lágrima honesta, y la risa desatada.


Cayó el actor al suelo, exhausto de su arte,

dejando su personaje hecho trizas, aparte.

Y en ese exacto instante en que el dolor vencía,

nació una risa nueva que antes no existía.


Terminó la soberbia, se acabó la ficción,

y un llanto ahogado fue su real rendición.

Y en esa risa rota, brutal y verdadera,

halló la primera palabra de una vida sincera.