La muerte térmica del universo

En 8 gúgols de años, cuando la energía y el calor se hayan distribuido uniformemente por todo el universo, ya no existirán misterios. No habrá secretos por revelar. No habrá dolor, ni pena, ni engaños. No habrá religión ni política. Aquella anécdota vergonzosa que cargaste durante toda tu vida le habrá ocurrido a miles de millones más, quienes también la olvidaron en un tiempo que ya nadie puede imaginar. No habrá consecuencias de nuestros actos, y la procrastinación será técnicamente irrelevante. No habrá conciencia en ninguna galaxia capaz de observar que el tiempo, de hecho, era finito para su propia experiencia, y que este ha llegado a un punto final efectivo.

Si alguna forma de conciencia existiese en ese estado, no podría experimentar el paso del tiempo, ya que este solo tiene sentido con el cambio. Pero el cambio se vuelve imposible cuando el universo alcanza el máximo estado de entropía: el equilibrio termodinámico, donde la energía está uniformemente distribuida y ya no puede fluir, moverse o transformarse.

Esto sería el equilibrio absoluto. El equilibrio termodinámico total.

Y, curiosamente, buscamos en nuestra vida cotidiana algo que llamamos "equilibrio".
El equilibrio de no comer demasiado ni muy poco. De salir un poco, pero no tanto. De ver televisión o jugar videojuegos algo, pero no demasiado. De tomar sin emborracharnos. De caminar sin correr. De salir un día a pasarlo bien, pero no toda la semana. De ser jóvenes alegres pero no locos; adultos mesurados.

Buscamos el equilibrio sin darnos cuenta de que, en última instancia, también buscamos el fin de todo.

Tal vez, en vez de buscar que nuestras vidas se parezcan a una línea recta, deberíamos intentar que se asemejen a una onda que oscila alrededor del equilibrio, pero que sube y baja con intensidad e irregularidad, abrazando el caos, pero sabiendo regresar al centro cuando sea necesario.

Espero que, cuando la actividad del universo haya llegado a su fin y los rastros de la humanidad hayan desaparecido hace un tiempo inconcebible, no hayan sido pocos aquellos que vivieron con tendencia al desorden y al caos, pero sabiendo regresar al equilibrio cuando realmente era necesario.