Asustado, por que la ley era muy estricta, decidió ayudarlo secretamente y lo escondió en su casa para componerle los granos que se le habian caído. Tras unos días, el choclo se encontraba mucho mejor, pero no hablaba. A la vaca se le ocurrió que debía ser por el shock y le pidió que le escribiera qué le había pasado, tras pasarle un lápiz y una hoja. El choclo le contó que más allá del reino de las vacas, existía un lugar llamado "cueva de los duraznos pelados" y residían ahí, ciertamente, duraznos pelados, que eran unos ladrones sádicos y asesinos. Pues bien - escribía el choclo - éstos duraznos pelados eran muy poco tolerante con otras razas y en especial con los duraznos peludos, que era su banda rival. Sin embargo, los duraznos con pelo recibían la ayuda del resto de las frutas y tenían como aliados férreos a los plátanos. Entonces - continuaba contando el choclo - como viajero que soy, me atreví a cruzar cerca de la cueva de los duraznos pelados y me confundieron con un plátano. Escapé y llegue hasta aquí en éste estado... Pero - terminaba diciendo el choclo - por lo de mi voz, no te asustes, soy solo un choclo, y los choclos no hablamos.
La vaca entendió entonces que el verdadero sentido de la navidad reside en el corazón, y mató al rey.